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Estudio que relaciona educación musical, aprendizaje e identidad adolescente fue expuesto en Facultad de Arte

“Música, Aprendizajes e Identidades” se tituló el coloquio desarrollado en la Facultad de Arte UPLA, instancia de encuentro y reflexión en torno a la educación musical, los procesos de aprendizajes y la construcción de identidades de adolescentes de entre 16 y 20 años. Esta actividad, organizada por la carrera de Pedagogía en Educación Musical, contó con la participación del Dr. José Álamos Gómez y la Dra. Gabriela Pérez Acosta.

La exposición compartida abordó parte del proyecto Fondecyt de Iniciación “Preferencias musicales y cultura escolar: Identidades y experiencias estudiantiles” cuyo investigador responsable (José Álamos) expresó: “La actividad se centró en presentar los alcances del proyecto y su relación con investigar las preferencias musicales en la adolescencia (16 a 20 años) y cómo repercute en los procesos y construcción identitaria y en los aspectos emocionales de las y los jóvenes”.

“La idea es que los resultados de esta investigación sirvan para tomar decisiones pedagógicas en el aula de música o en los establecimientos educativos, para así poder desarrollar programas musicales e interdisciplinarios, pero siempre considerando las preferencias y cultura musical adolescentes que es algo que repercute mucho en el proceso de desarrollo, sobre todo en las edades en la cual estamos realizando este estudio”, agregó el investigador formado en la UPLA.

En ese contexto la invitada internacional mexicana Dra. Gabriela Pérez Acosta presentó la ponencia “Cognición musical y procesos de enseñanza-aprendizaje”, cuyo objetivo fue hacer una revisión y reflexión sobre los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje musical, sobre todo para reflexionar la práctica docente. “Entonces explicamos un poco cómo desde que estamos en este mundo empezamos a tener influencia del entorno, y eso determina nuestra percepción y como nos relacionamos con el conocimiento desde lo que el entorno influye en nosotros”, dijo.

“A nivel de estudios es importantísimo conocer cómo funcionan los procesos cognitivos; aprendemos cómo funciona la percepción, la memoria, el aprendizaje y cada uno de los procesos cognitivos, porque conociendo como funciona es mucho más fácil diseñar estrategias enfocadas a sacar provecho de cómo está funcionando nuestra mente al aprender las cosas. Entonces, cuando no lo hacemos así, vamos intuyendo, experimentando, y no es que no lleguemos a estrategias adecuadas, sino que conociendo bien cómo funcionan los procesos vamos a tomar caminos más directo para un aprendizaje mucho más efectivo”, finalizó la pianista y profesora de la Facultad de Música de la UNAM.

¿De qué forma las canciones influyen en nuestro cerebro y emociones?

Hace unos días se conoció un estudio realizado en Puerto Rico, sobre cómo la música puede ayudarnos a liberar dopamina y a hacernos sentir bien. Especialistas de la Universidad de Chile explican el impacto que puede tener una canción o melodía en nuestras emociones y cómo nos puede transportar a experiencias vividas o a recordarnos a personas o situaciones.

A través de la prensa se dio a conocer un estudio científico del Colegio de Químicos de Puerto Rico cuyo objetivo era analizar las canciones del exitoso cantante puertorriqueño Bad Bunny y su impacto en las personas. ¿El resultado? Que sus más de 80 millones de oyentes mensuales en la plataforma de música Spotify sienten ganas de bailar junto a una sensación placentera porque se les dispara la dopamina, la serotonina y la oxitocina, neurotransmisores que generan placer.

El profesor Gonzalo Quintana Zunino, psicólogo, doctor en Neurociencia de la Conducta Sexual y profesor asistente del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, analiza dichos resultados y explica que efectivamente las melodías pueden activar nuestra sensación de bienestar y euforia.

“La música es un estímulo que fácilmente suele asociarse con experiencias positivas y, por ende, puede regular nuestras emociones”, apunta el especialista.

Dado que las canciones son clave para establecer recuerdos y relacionarlas con eventos significativos, el especialista de la Casa de Bello afirma que “escuchar música se puede convertir en una ‘máquina del tiempo’ de las emociones, las cuales también se retroalimentan de nuevas experiencias, pudiendo consolidarlas o perder su significancia”.

Y agrega, que «el cerebro es una máquina predictora y muy flexible«. Asimismo, señala que «así como las emociones positivas asociadas a la comida o incluso a algunas sustancias, la música, el silencio, la naturaleza, como muchos otros estímulos o contextos, pueden provocar un sentimiento de bienestar». 

Asimismo, el Dr. Pedro Maldonado, académico del Laboratorio de Neurociencias Cognitivas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, plantea que «la música ha sido una compañía muy larga en la historia de los humanos y tiende a resonar con ciertas actividades también rítmicas de nuestro propio cerebro, tiene un efecto anímico importante particularmente cuando hay una asociación cultural fuerte entre la música y nuestro estado de ánimo«. 

Y, agrega que «cuando hay una asociación fuerte entre nuestras experiencias emocionales y la música, tienden a recordarnos cosas y también como crecimos en un entorno con cierto tipo de música aprendemos a disfrutar y a asociar eso con nuestras distintas vivencias”. 

¿Puede la música ayudarnos a mejorar nuestro ánimo?

Ambos especialistas coinciden en que la respuesta es sí. «La música es un estímulo que fácilmente suele asociarse con experiencias positivas y, por ende, puede regular nuestras emociones. Por medio de estas experiencias significativas, la música es capaz de ‘transportarnos’ a cómo nos sentíamos en esos recuerdos con la cual se asocia, como el concierto de una banda preferida o una fiesta memorable», dice el profesor Quintana Zunino.

La música nos sirve, dice el profesor Maldonado, «principalmente para acompañarnos en un ambiente grato. Es decir, la música nos acompaña para hacer otras cosas, nos permite recordar cosas que han tenido cambios positivos en nuestra vida, entre otras. Y también se sabe que la música puede ayudar a recordar ciertas cosas en la medida de que uno la asocia con ciertos eventos”.

Asimismo, dice el especialista que en el caso de quienes inician sus estudios en algún instrumento o aprenden sobre música, “tiene impacto positivo porque el aprendizaje de la música requiere adquirir ciertas competencias cognitivas que sirven para aprender otras cosas, de manera que es un tipo de actividad, así como la lectura u otro idioma, nos otorga facultades de aprendizaje para otros ámbitos de la vida».

Por su parte, el profesor Gonzalo Quintana Zunino, dice que la música, tal como otras experiencias, «es una clave que ayuda a nuestro cerebro a establecer recuerdos con eventos significativos. Estos recuerdos anclan las emociones que sentimos en dichas experiencias, volviéndose parte de los recuerdos». E insiste en que «escuchar música se puede convertir en una «máquina del tiempo» de las emociones, las cuales también se retroalimentan de nuevas experiencias, pudiendo consolidarlas o perder su significancia».

Sobre escuchar la música que nos gusta y disfrutamos, el profesor Maldonado dice que «obviamente tiende a llevarnos a un ambiente donde nos relajamos y nos produce placer. Esto no es privativo de la música, la actividad física es muy importante y hay mucha evidencia neurofisiológica que muestra que el ejercicio provee bienestar tanto del cuerpo, pero también hacia el cerebro». 

Y, finaliza diciendo Quintana Zunino que, «la música preferida activa las áreas del cerebro asociadas con el placer y la euforia, así como también con la corteza somatosensorial, aquella asociada con el cuerpo y el movimiento. No por nada nos gusta movernos al ritmo de la música».