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Educación 2025: de las necesidades a las soluciones

¿Sabía que entre un 7 y un 10 % de los escolares en una clase cualquiera puede tener un trastorno de desarrollo de lenguaje que no tiene nada que ver con la dislexia? ¿Que lo que nos hace engancharnos a un videojuego no es lo mismo que lo que nos hace engancharnos a una sustancia, como el alcohol? ¿Que las personas con TDAH o altas capacidades pueden llegar a concentrarse tanto en algo que les impide controlar su atención? ¿O que el TDAH y el TOC pueden ocurrir a la vez?

¿Y si le digo que para aprender la pronunciación de un idioma es mejor no ver cómo se escriben las palabras? ¿Que existe el pensamiento computacional “desenchufado”? ¿Que durante la adolescencia las chicas lo pasan peor que los chicos? ¿O que la confianza es fundamental para ser bueno en matemáticas?

¿Ha oído hablar de la “vigilancia de la masculinidad”? ¿Sabe que puede llegar a influir en nuestros gustos literarios? ¿Le sorprende saber que la ratio docente/alumno es menos importante que el tamaño de los grupos, sobre todo cuando aprendemos a hablar? ¿O que crecer sin normas ni dificultades puede llegar a ser igual de malo que hacerlo bajo la disciplina férrea?

La lista sigue y sigue: intentar resumir en un artículo todo lo que nos han enseñado los más de 400 autores y autoras que han publicado este año es todo un desafío. Allá vamos.

‘Neurodiversidad’ no es una palabra mágica

No hay dos cerebros iguales, pero algunos son más distintos que otros. La palabra “neurodiversidad” nació con la intención de dar poder y autonomía a aquellos cuya diferencia, sin ser mejor ni peor, ni menos ni más normal que la del resto, hace más difícil el aprendizaje o la socialización en clase. Desde la psicología clínica nos recuerdan: los diagnósticos específicos son necesarios para poder atender a cada perfil como merece. En otras palabras: considerarse “neurodiverso” no basta para entender bien qué sucede en ese cerebro y cómo se le puede enseñar mejor.

Que todos los niños tengan derecho a una educación pública de calidad y sin sentirse marginados o señalados es el objetivoNo se está cumpliendo. Faltan recursos, formación, y en ocasiones, pensar que para incluir es suficiente con que estén en el mismo aula les hace sentirse peor, más incomprendidos y más frustrados.

La neuroeducación y las emociones

La neuroeducación, que se ocupa de la neurociencia aplicada al aprendizaje y el bienestar en la infancia y la adolescencia, abre caminos muy prometedores para mejoras estructurales. En este área, cuanto más sabemos, cuánto más se descubre y avanza, más conscientes somos de lo mucho que podemos mejorar.

Por ejemplo: un experto en salud y bienestar escolar como Daniel Gabaldón, de la Universitat de València, escribe un excelente artículo sobre por qué retrasar la hora de entrada en el instituto puede ser una gran idea. Ya nos ha abierto un camino: ahora buscamos a los investigadores que nos puedan explicar cómo sería posible aplicar este cambio de horario y conciliarlo con la jornada laboral de docentes y administrativos. También merece la pena pararse a pensar si el calendario escolar es el ideal para afianzar conocimientos: entender por qué surge el olvido académico y cómo se pueden limitar sus efectos.

Otros temas que sobre los que hemos publicado en este ámbito abarcan desde cómo hacer el aprendizaje musical más creativo hasta la importancia de entender la frustración como algo necesario para aprender, pasando por explicaciones sobre el papel de la sorpresa en la motivación para aprender o el papel que pueden tener los juegos en el desarrollo temprano del control inhibitorio, ese que nos permite elegir de manera deliberada en qué centrar nuestra atención.

¿Ser el tipo de padres que nos gustaría?

La neuroeducación y la psicología moderna nos abren grandes líneas de investigación en el ámbito de la crianza y la convivencia en casa. Por ejemplo, nos ayuda a entender cómo desarrollamos el apego; el papel que la autorregulación emocional tiene en nuestra capacidad de madurar como personas; de qué manera las dificultades nos ayudan a sentirnos capaces y autónomos; y cómo, cuando protegemos en exceso, podemos estar haciendo una faena a nuestros hijos. Los expertos nos animan: aunque no todo está en nuestra mano, sí podemos romper esquemas heredados y educar a los hijos de una manera más acorde con nuestros ideales.

En particular, para esa etapa de la vida tan fascinante que se llama adolescencia, cada vez tenemos más instrumentos y más datos que nos ayudan a acompañar mejor.

Docentes felices, docentes competentes

En la sección de Educación tenemos un compromiso especial con los docentes, de todas las etapas y de todas las materias. Queremos ser útiles a aquellos que en primer línea dedican su energía y entusiasmo a formar a las nueva generaciones.

Gracias a los avances que nos han contado investigadores e investigadoras en todos los ámbitos imaginables, hemos publicado indagado en las nuevas metodologías para enseñar matemáticas y a leer, así como para impartir ortografía o historia.

Desde temas que afectan a todo el sistema educativo, como la necesidad de mejorar la orientación académica o las nuevas necesidades de la enseñanza universitaria, a temas muy concretos como trucos para aplicar el pensamiento crítico, introducir tablas de ejercicios breves para mejorar el estado físico (y mental) de los estudiantes o entender el papel fundamental del movimiento en los primeros años de vida.

Somos conscientes sobre todo de las exigencias crecientes de esta profesión y de lo importante que es el bienestar mental y psicológico de los docentes, por eso hemos publicado artículos sobre cómo crear redes de apoyo, cómo mejorar su desempeño diario o cómo liberarlos de tareas administrativas que se comen el día a día y terminan quemando.

Lo cierto es que la realidad de escuelas e institutos apunta a necesidades nuevas como el manejo de las emociones, la educación sexual, los procesos metacognitivos o la importancia de relacionar unas asignaturas con otras. Y, muy especialmente, esa alfabetización no solo digital, sino mediática e informacional que ayudará a los futuros ciudadanos de este mundo tan tecnologizado e hiperconectado a mantener su criterio y su salud mental, y a liberarse lo más posible de los algoritmos y mandatos externos que condicionan nuestras vidas. Esto hay que enseñarlo en casa y en la escuela.

En nuestra campaña de Bienestar Digital y Menores hemos trabajado intensamente con expertos desde los campos de la psiquiatría, la pediatría, la psicología, la educación, la tecnología y el derecho no solo para publicar artículos, sino para abrir espacios físicos de diálogo y conocimiento compartido, donde los jóvenes han escuchado a los expertos, pero también, y sobre todo, los expertos han podido escuchar a los jóvenes.

Hola, IA: no me sustituyas, ayúdame

Preguntar a ChatGPT el resumen de la lectura obligatoria de lengua, pedirle que nos reescriba un trabajo de fin de grado, incluso consultarle problemas personales con los amigos y compartir sentimientos y preocupaciones con una máquina. Forma parte del día a día de cualquier estudiante. Las nuevas generaciones son siempre más rápidas que sus responsables adultos. Docentes y familias observan cómo esta herramienta tecnológica ha ido avanzando posiciones, y cómo los más jóvenes se acercan a ella con total naturalidad.

Los expertos investigan cómo son estos usos, qué consecuencias están teniendo, si se pueden regular y de qué manera y, sobre todo, cómo, una vez más, la tecnología nos obliga a modificar mensajes y metodologías en las aulas para transmitir una idea básica a escolares y universitarios. Está muy bien si aprendemos a usarla de apoyo, si nos ayuda a aprender más o mejor; pero si sustituye nuestro esfuerzo intelectual las consecuencias pueden ser nefastas. ¿Está llegando el mensaje?

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